Definir un texto por su buen humor me supone algo muy extraño pero lo cierto que es la base, la tierra sobre la que esta historia nace. Reconozco que es un libro que en principio no me llamaba mucho la atención, no se si sería por la portada o por la contraportada o por ser simplemente una historia que sucedía en la Patagonia pero conocía a la autora y preferí confiar en ella antes que en mis prejuicios, y ahora, doy palmadas de alegría. Pero, como aquello que nos divierte y nos arranca una sonrisa es algo demasiado subjetivo, quizás solo hablar del buen humor que subyace a toda la historia no sea suficiente.
Estamos ante un relato narrado a dos voces, la de una adolescente protagonista del complot, por el cual se nombra la obra, y la de una mujer adulta que es parte del grupo que lo trama. Es, básicamente, una literatura del absurdo, evidentemente, que no nos vamos a encontrar con el bicho de Kafka ni con su Josef K, pero lo disonante de la situación, el choque entre las posiciones de unos y de otros, la idea y la puesta en escena del complot, sí que tienen como origen una angustia por lo existencia, por la supervivencia y la búsqueda de una resolución del conflicto y todo ello, con la gracia, de no caer tentada en individualismos existencialistas ni en penas que desgarran el alma, sino más bien en asumir lo que se es para buscar un cambio. No hay indiferencia sino compromiso.
En el texto lo absurdo, lo que como lectora me hizo reír, es el complot, una trampa que tienden a los jóvenes protagonistas y a su abuelo y éste a su vez a los protagonistas ausentes en la narración. Como nos dice Camus en el mito de Sísifo «Hay en la condición humana, y éste es un tópico de todas las literaturas, una absurdidad fundamental al mismo que una implacable grandeza. Ambas coinciden, como es natural» Y en este texto lo extraño o lo extravagante se conjuga con la naturalidad en la que la historia se repite.
En la lectura conjunta con mis lectores (10-11 años) pude compartir con ellos lo incongruente de la situación para mí y lo original para ellos, porque estos no leyeron más que un complot bien elaborado -una buena idea puesta en marcha-, pero esa diferencia de perspectivas fue la que nos permitió abrir un dialogo sobre la subjetividad de la lectura y las imágenes de las vidas que el texto dibuja, y sobretodo, la importancia de la extravagancia, de lo chocante y lo contradictorio, como elementos fundamentales en la narración literaria, que bien cohesionadas y bien relatadas, logran tejer una trama consistente, profunda y en este caso, además, llena de color y ritmo. Como la magia de Las Flores, donde lo que vale es el camino que dejamos hecho y las experiencias que nos llevamos por haberlo realizado.

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