Nos dice el filosofo Martin Heidegger en un breve texto:

«¿Qué significa leer? Lo que sustenta y dirige en el leer es la colecta. ¿En qué dirección colecta? En dirección a lo escrito, a lo dicho en lo escrito. El leer propio es la colecta en dirección a aquello que, sin nuestro saber, ha reclamado ya nuestro esenciar, como quiera que en ello lo correspondamos o neguemos.
Sin el leer propio tampoco estamos en condiciones de ver lo que dirige nuestra mirada ni de apreciar lo que manifiesta y aparece». (Experiencias del pensar (1910-1976). ABADA, p.73)

El leer propio es la colecta, nos dice el filosofo. Lo que nos dice la colecta es lo que permanece en la memoria de la palabra Leer. Leer nos viene del latín lěgere de raíz indoeuropea *leg: Recoger, colectar (y derivados que significan hablar). Lat. legõ: recoger, escoger, leer. En alemán, lengua madre del pensador, tiene la misma raíz, Lesen y ella dice Leer, pero deviene de un sentido pasado en el que la palabra decía «llevar-a-que-(algo) esté junto extendido-delante».
Lo fascinante del asunto es que está misma raíz la comparte Légein [λέγειν] una palabra griega arcaica que significa decir y hablar, y también en el pasado de esta lengua el sentido de Légein era el poner abajo y poner delante, aunque en un sentido en el que prevalece el juntar.
Si prestamos atención, entonces, a la memoria que con ella trae la palabra Leer, nos despliega un juego de resonancias en las que encontramos: poner, juntar, traer delante, escoger/selección [la e-lección, por su parte, está determinada por aquello que dentro de lo e-legible se muestra como lo selecto, lo mejor] ¿Y que es lo que prima en la vendimia o en la cosecha? ¿Acaso no es el poner a cobijo?. Desde la necesidad del albergar (poner a resguardo) es que tiene lugar la recolección, la reunión del hombre y del fruto, de la comunidad y la tierra. Sin la colecta el fruto se marchitaría y su cualidad de ser fruto para el hombre, el sentido de la ofrenda, no se daría. La ofrenda es la que nos reclama nuestro esenciar. Lo que sustenta y dirige el leer (lěgere) es la colecta, es decir, el recoger o recolectar (la e-lección de lo e-legible). «¿En qué dirección colecta? En dirección a lo escrito, a lo dicho en el escrito».
El hablar del habla (Légein) esencia como poner [lo puesto significa siempre lo que ha llegado a yacer y, por tanto, lo yacente. Lo puesto es lo dejado libre en su puesto, no lo producido por nuestra acción y, en ese sentido, dependiente de nosotros] y como leer en el sentido mencionado. En el leer lo que nos interpela es lo escrito, el decir logrado o lo puesto en obra, los dispuesto en su acabamiento (lo pleno de la obra acabada, en la alegoría del fruto, como la fruta madura para ser recolectada): algo se nos dice en obra y es oído en la escucha concentrada de la lectura cuando correspondemos en el recogimiento al que ella nos llama. Podemos, quizás, decir entonces que Leer es un decir-oír-en diálogo.
Un diálogo que se da entre lo puesto en obra y un otro que la recoge en la escucha atenta. El entre tiene un doble sentido, de ser-con y de ser-ahí, siendo el ser-ahí el Habla misma, lugar de encuentro (comunicación) y comprensión. ¿Y el ser-con? ¿Tiene algo que ver con nuestro esenciar? La ofrenda-obra-decir logrado nos reclama nuestro esenciar, nuestro ser-con, ser juntos…somos juntos-en día-logo, a vuelta (hacía a) con el habla. Somos, ahí, propiamente nosotros mismos.

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