Las voces… son muchas las voces que hablan que se hacen escuchar que me cuentan los secretos que yacen en un tierra lejana llamada galilea, en un tiempo aún más lejano cuando todavía no se contaban los años como ahora. Relatos, viajes, diálogos, sermones en la montaña, en una plaza de pueblo, familia, amantes, desgraciados llenos de rencor y amor, y agraciados llenos de culpa y soberbia, intentando lavar sus heridas con agua y palabras. Y ante todos ellos un hombre, un galileo que solo pide tu ira y tu dolor, y una voz, un susurro, lo que dice el que solo ve, escucha y huele, el pensar de un perro que hace de uno, al que algunos llaman dios, un hombre que huele a saber y a dignidad. Pocas más son las palabras que se pueden decir de este maravilloso libro que nos entrega Liliana Bodoc, la gran Liliana Bodoc, aunque los que publicitan a los bestsellers nos hayan quitado este hermoso adjetivo, por hoy me permito utilizarlo como se hacía antaño para nombrar aquellos que tenían la grandeza en sus manos, en su voz y en su cuerpo.
Son muchas las historias que se cuentan en este único relato, y con cada una de ellas podemos enseñar a nuestros niños sobre la bondad y la miseria, sobre el dolor, el amor, los prejuicios y, sobretodo, mostrarles como las palabras pueden traer consuelo o desdichas. Son las voces las que confluyen y son a partir de ellas y desde ellas desde las que podemos ofrecer una enseñanza .

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