#2 Hace mucho tiempo…en unas tierras lejanas

Hace mucho tiempo, cuentan los historiadores, en unas tierras lejanas hubo un reino de varones que vivía en lo alto de una montaña se hacían llamar “la oligarquía” (los de abajo, los que vivían en los poblados los llamaban “la clase alta”) Según cuentan los libros, estos señores eran muy malos: no les gustaba los que eran diferentes, eran vagos y querían que otros trabajaran por ellos, eran egoístas y se apropiaban de todas las riquezas. Estos varones durante mucho tiempo esclavizaron, atemorizaron y enseñaron a fuerza de látigo y de hambre que ellos eran los Titanes que sostenían y dominaban el mundo. Pero llego un tiempo en que los que vivían “abajo” se cansaron de tanta tontería y decidieron subir la montaña para echarlos (también valga decirlo había unos cuantos que lo que querían realmente era ser uno de los titanes pero no conseguían trepar la montaña por si solos y necesitaban la ayuda de muchos otros) Y así poco a poco los de los pueblos de los valles se fueron organizando hasta conseguir trepar la montaña, traspasar la frontera armada, echar a los malos y sentarse ellos en sus tronos… pena que la montaña siguió existiendo. A muchos de estos se los llamo héroes y esta historia es leyenda.

Nuestra historia está marcada por las luchas contras las fuerzas dominantes. Las luchas de los aborígenes contra el hombre blanco, la lucha de los americanos para independizarse de los europeos. La primera revolución francesa que prendió la mecha en toda Europa. Y un siglo más tarde llegaron las de Rusia y China, la de España, la revolución obrera en Argentina, Cuba, Guatemala, México, Chile… todas ellas consiguieron un gran cambio político y social. Hoy narramos sus triunfos y sabemos que el bienestar social del que gozamos es el recuerdo vivo de cada una de sus batallas y de sus heridas. Pero también, nos toca experimentar sus consecuencias nefastas: China, Guatemala, México, Colombia por nombrar algunos. Tantas luchas que nacieron del horror y terminaron en una pesadilla. Y quizás la más triste porque fue la más silenciosas, con menos sangre y espectáculo, fue el gran sueño europeo “la social democracia” devenida hoy en un teatro de sombras, no sé, quizás siempre lo fue, pero no lo supimos hasta ahora.

Estamos en el preámbulo de una nueva revolución, espero deseo y trabajo para que esta vez sea una revolución sin armas porque si no seguirán ganando por siempre los matones del arenero. Podemos tomar el legado de los que lucharon décadas atrás, podemos aprender de sus errores y hacer uso de las constituciones que dejaron escritas, de los derechos que ellos ganaron por nosotros, narremos una y otra vez sus historias, demos cuenta de las ficciones de las que somos parte.

Ya paso el tiempo de los héroes, de los mitos y leyendas. Llego la hora de escribir con nuestra voz lo que es y lo que somos, es el tiempo del valor y la generosidad, de la reflexión y el respeto. Hagamos una revolución diferente, una revolución solidaria, hagamos que la simpatía, el reconocimiento del otro y el respeto sean el motor de cambio. Esto es lo que pienso, por lo que lucho, por lo que resisto.

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