sobre sombras

dicen que la conversación es un enlace, un vínculo carnal y amoroso, carnal por la cercanía del otro, por el cara a cara en el encuentro, y amoroso en tanto deseo, llamada al otro: mostrar-me, trascender-me, proyectar-me. decirnos.

así visto, entonces, la conversación es también un vínculo verbal, un enlazarse en la palabra que dice y nos dice… enlazar, vincular, decir… y si lo original es el vínculo, la necesidad de mantener sujeto ese vínculo amoroso y carnal que nos dice, nos señala. y la conversación se convierte en la excusa para mantenerlo vivo -las palabras que se dicen y se escuchan y se repiten y me dicen, escucha y se espera, espero, murmullo-

y quién es el otro, el que escucha, el que espera, el que dice cuando digo, quién es el otro que nos llama, nos mienta a su encuentro, que nos muestra el deseo/ necesidad, nos revela ¿hay un otro?

deseo… eros… vínculo amoroso y carnal, si podemos pensar el deseo más allá de lo genital, un acto original o principio, una necesidad que tiene que ver con nuestra mismidad con lo original de mí, y/o, un deseo que nos habla (recuerdo) del primer amor/deseo, el maternal, el olvidado, el ciego y callado. el primero que nos nombro y marco la carne.

un origen vacío y perdido, y ese vínculo original amoroso y carnal, esa necesidad de nombrarte(me), de llamarte(me), de decirte(me), es entonces la memoria de una ausencia, lo perdido irremediablemente en la existencia de ser uno.

 

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